
Alejandra Pizarnik, diarios
(Viernes 14) "Qué fácil callar, ser serena y objetiva con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa, perfecta dueña de mí misma. Pero con los poquísmos seres que me interesan...Alló esta la cuestión absurda: soy una convulsión, un grito, sangre aullando. De allí proviene mi imposibilidad absoluta para sustentar amistad con alguien mediante una comunicación profunda y armoniosa. Tanto me doy, me fatigo, me arrastro y me desgasto que no veo que instante de <> de esa prisión tan querida. Y si no llega mi propio cansancio, llega el del otro, hastiado ya te tanta exaltación y presunta genialidad, y que se va en busca de alguien que sea como yo con la gente que no me interesa"
(Domingo 16) "Nada. Pero la misma de siempre. Es hoy, una nada henchida de presagios. Una resignación activa. Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome. He pensado tanto en estas cosas. He pensado que puedo morir en cualquier nstante y nadie amenazará la muerte, nadie la injuriará por haberme arrastrado, nadie velará por mi nombre. He pensado en mi soledad absoluta, en mi destierro de toda conciencia que no sea la mía. He pensado que estoy sola y que me sustento sólo en mi para sobrellevar mi vida y mi muerte. Pensar que ningún ser me necesita, que ninguno me requiere para completar su vida..."
(Viernes 22) "Fe en ti sola. Alejandra. Fe en ti sola.
Imposible la plena comunicación humana. Los otros siempre nos aceptan mutilados, jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes. O nos detestan por algún aspecto nuestro que les mortifíca o nos aceptan por algo que es ángel en nuestra carne. También solemos tener días en los que nos permiten comunicarnos y días en que nos amurallan. Estos últimos coinciden con los días en que más necesidad de contacto humano tenemos. Seguramente nos rechazan por ese aspecto de mendigos repelentes que proporcionan la angustia y la soledad.
Todo esto dicho de un modo confuso. Porque no entiendo casi nada del asunto..."
Yo no le reprocho nada a los que nos rechazan y se olvidan (siempre lo hacen) de llevar fuego a nuestra ventana gélida..., a nosotros los únicos, a nostros los de siempre, a nosotros los ciegos, mutilados, asombrados cabizbajos. Yo no le reprocho nada a mi amor de siempre, al que no vuelve, al que se marcha y se esconde entre olores de té y jazmín y canela. Que no entiende nada, y tanto como yo no lo hago. A mi amor volátil, el que me difunde a voces cortas y rostros innocuos. Al amor que se mezcla y se expande en supernova, al que muerde y sorbe. El que no está cuando no está y está cuando no está también. Y duele y no lo sabe porque los amores nunca saben del dolor que causan. Yo no le reprocho nada al poeta que me sangra ni al escritor que nada a placer en este corazón pisado. Yo no le reprocho nada al Dios caluroso de infancia de mermeladas y olor a sopa en la casa. Sólo sufro como consuelo a este vacio. No entiendo, y blasfemo la confusión de no saber cómo responderme a mis interrogatorios de media noche, a estos deseos incontenibles, a estas auroras de otras muertes, a la cama lisa y grande y sola. Mujer de hojas blancas y palabras negras, de hojas tiernas y soles muertos. Triste, toda tu en esta inmensidad. Ciega y sorda, no pierdas tu mudez, no fumes como puta. No ignores esas miradas cómplices del engaño y del trueque, no dones huesos, no esperes en el puerto. No lo hagas tú, yo.
Yo que no sé cómo pedir, no sé cómo llamar,no sé olvidar, no sé perdonar, no sé cómo llorar... Siempre lo hago de la manera incorrecta.
(Miércoles 20) "Tristeza y candor. Deseos de llorar como un niño recién nacido. Inmensa ternura por mí. Ganas de hacerme pequeña, sentarme en mi mano y cubrirme de besos"
(Viernes 14) "Qué fácil callar, ser serena y objetiva con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa, perfecta dueña de mí misma. Pero con los poquísmos seres que me interesan...Alló esta la cuestión absurda: soy una convulsión, un grito, sangre aullando. De allí proviene mi imposibilidad absoluta para sustentar amistad con alguien mediante una comunicación profunda y armoniosa. Tanto me doy, me fatigo, me arrastro y me desgasto que no veo que instante de <
(Domingo 16) "Nada. Pero la misma de siempre. Es hoy, una nada henchida de presagios. Una resignación activa. Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome. He pensado tanto en estas cosas. He pensado que puedo morir en cualquier nstante y nadie amenazará la muerte, nadie la injuriará por haberme arrastrado, nadie velará por mi nombre. He pensado en mi soledad absoluta, en mi destierro de toda conciencia que no sea la mía. He pensado que estoy sola y que me sustento sólo en mi para sobrellevar mi vida y mi muerte. Pensar que ningún ser me necesita, que ninguno me requiere para completar su vida..."
(Viernes 22) "Fe en ti sola. Alejandra. Fe en ti sola.
Imposible la plena comunicación humana. Los otros siempre nos aceptan mutilados, jamás con la totalidad de nuestros vicios y virtudes. O nos detestan por algún aspecto nuestro que les mortifíca o nos aceptan por algo que es ángel en nuestra carne. También solemos tener días en los que nos permiten comunicarnos y días en que nos amurallan. Estos últimos coinciden con los días en que más necesidad de contacto humano tenemos. Seguramente nos rechazan por ese aspecto de mendigos repelentes que proporcionan la angustia y la soledad.
Todo esto dicho de un modo confuso. Porque no entiendo casi nada del asunto..."
Yo no le reprocho nada a los que nos rechazan y se olvidan (siempre lo hacen) de llevar fuego a nuestra ventana gélida..., a nosotros los únicos, a nostros los de siempre, a nosotros los ciegos, mutilados, asombrados cabizbajos. Yo no le reprocho nada a mi amor de siempre, al que no vuelve, al que se marcha y se esconde entre olores de té y jazmín y canela. Que no entiende nada, y tanto como yo no lo hago. A mi amor volátil, el que me difunde a voces cortas y rostros innocuos. Al amor que se mezcla y se expande en supernova, al que muerde y sorbe. El que no está cuando no está y está cuando no está también. Y duele y no lo sabe porque los amores nunca saben del dolor que causan. Yo no le reprocho nada al poeta que me sangra ni al escritor que nada a placer en este corazón pisado. Yo no le reprocho nada al Dios caluroso de infancia de mermeladas y olor a sopa en la casa. Sólo sufro como consuelo a este vacio. No entiendo, y blasfemo la confusión de no saber cómo responderme a mis interrogatorios de media noche, a estos deseos incontenibles, a estas auroras de otras muertes, a la cama lisa y grande y sola. Mujer de hojas blancas y palabras negras, de hojas tiernas y soles muertos. Triste, toda tu en esta inmensidad. Ciega y sorda, no pierdas tu mudez, no fumes como puta. No ignores esas miradas cómplices del engaño y del trueque, no dones huesos, no esperes en el puerto. No lo hagas tú, yo.
Yo que no sé cómo pedir, no sé cómo llamar,no sé olvidar, no sé perdonar, no sé cómo llorar... Siempre lo hago de la manera incorrecta.
(Miércoles 20) "Tristeza y candor. Deseos de llorar como un niño recién nacido. Inmensa ternura por mí. Ganas de hacerme pequeña, sentarme en mi mano y cubrirme de besos"
Etiquetas: Bitácora del escritor


